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Iberá. Los Villagra, los últimos pobladores del estero profundo

“Quedamos solo cinco por acá”, asegura Victoria, la mayor de los tres hermanos Villagra. Tiene 70 años y vive con Ramón y Cirila en una isla perdida en la inmensidad de los Esteros del Iberá. Su casa está en el humedal más grande de nuestro país, que es el segundo de Sudamérica, después de la Amazonia. Vive acá desde siempre, dónde también vivieron sus padres y sus abuelos.

Ella y sus hermanos son los últimos pobladores permanentes del estero profundo. “Y hay dos más: los Aguirre. Están a un par de kilómetros”, aclara la mujer de sonrisa fácil y hospitalidad sin precio.Los Villagra habitan la isla Abatí, así bautizada por su abuelo al encontrar trigo (”abatí” quiere decir trigo en guaraní). Están cerca de la isla Disparo, en la franja centro sur del estero. Tienen una casa de piri (un tipo de junco) que está rodeada de bananos, gallinas, mangos, carpinchos, naranjos, paltos, ananás, y hay un perro. Llegar a conocerlos no fue fácil. Salimos en lancha del Puerto Juli Cue, en el pujante Portal Carambola; atravesamos el arroyo Carambolita, el río del mismo nombre, la laguna Medina; y los encontramos en una curva de la laguna Trim. Después de tres horas de navegación, dejamos la lancha en el canal que desemboca en su casa y caminamos descalzos 200 metros sobre embalsado, que es un entramado flotante de camalotes y raíces, que no pinchan, ni tienen víboras. “Están en la parte alta”, asegura nuestro guía, Ramón Alfredo ‘Keneke’ Salazar, experto del paraje.

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