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Indican que las argentinas ya tienen menos de dos hijos en promedio

En 2020, la tasa de fecundidad –es decir, el número esperado de descendencia por mujer o persona gestante– bajó hasta 1,55; el menor valor de la historia nacional, aún por debajo de países como Suecia o Noruega.

Durante el año 2020, las mujeres y personas gestantes argentinas tuvieron, en promedio, la menor cantidad de hijos de la historia de nuestro país. En términos técnicos, los expertos en demografía explican que la tasa global de fecundidad –el número promedio esperado de hijos– viene, desde hace cinco años, cayendo en forma abrupta.

Analizando estadísticas recién publicadas, que resumen los últimos números disponibles, la tasa de fecundidad bajó hasta 1,55; el valor más bajo de la historia nacional, similar al de países desarrollados de Europa.

El doctor en demografía e investigador de Cippec Rafael Rofman hizo un análisis preliminar sobre las cifras del informe “Estadísticas vitales 2020”, documento que el Ministerio de Salud publicó hace dos semanas. “La disminución del número de hijos por mujer es un fenómeno global que se registra desde hace más de doscientos años. Y Argentina y Uruguay lideran esta tendencia en América Latina desde el inicio del siglo XX”, explicó Rofman. “Sin embargo, si bien siempre tendió a la baja, en algunos momentos de la historia reciente volvió a elevarse. Por ejemplo, en la década del 70 y principios de los 80”.

En lo que va de este siglo, hacia 2015, si bien la cantidad promedio de hijos por mujer descendía levemente, aún se mantenía en alrededor de 2,3 hijos por mujer. “Pero desde ese año comenzó a acelerarse mucho la baja de fecundidad, y llegamos a 2020 con un número nacional de 1,55 hijos por mujer. Esto, en términos relativos, significa un 33% menos respecto a la fecundidad en 2014 y representa una de las bajas más agudas registradas: solo en un lustro disminuyó un tercio”.

Incluso, en ciertos segmentos etarios y económicos, esa caída fue todavía mayor: “La fecundidad adolescente (en mujeres menores de 20 años) entre 2014 y 2020 cayó un 55%. Y en las jóvenes con bajo nivel de educación la disminución alcanzó el 66%”.

Algo similar indicó Enrique Peláez, investigador del Conicet en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad  (Ciecsa), que funciona en Córdoba. “Hace dos décadas, Brasil, Chile y Uruguay tenían tasas de fecundidad menores a la de Argentina, que estaba en alrededor de 2,3 hijos por mujer, lo que implicaba una leve tasa de crecimiento poblacional –aseguró el demógrafo–, pero desde 2014 la baja se acentuó y para 2018 ya caía por debajo de la tasa de equilibrio poblacional (2 hijos por mujer). Hoy con una cifra de 1,55, nuestro país ya tiene una fecundidad parecida a la de España o Italia e, incluso, menor a la de Suecia o Noruega”.

Otro detalle que aportó Peláez surge de una investigación reciente. «Analizamos como variaba la tasa de fecundidad, desde el 2000 para acá, de acuerdo al nivel de instrucción educativa de las madres. Y si bien comprobamos algo ya sabido -que a mayor nivel educativo la cantidad promedio de hijos por madre disminuye- lo llamativo es como cambió la tasa en las personas con menor instrucción».

Entre los años 2010 a 2014, en el segmento sin nivel primario completo, se bajó de 6 hijos por mujer a 4,2. El nivel medio estuvo en 2.3 y el nivel alto en 1,8 hijos. Pero en los siguientes años la disminución se agudizó: en 2017 en el grupo de menor nivel educativo de 5,9 disminuyó a 3,9 hijos promedio por mamá. Mientras que en los otros grupos esa cifra tuvo cambios menores. «En otras palabras, en los últimos años el grupo social de menor instrucción está teniendo una conducta reproductiva cada vez más similar a la de los niveles educativos medios y altos».

Significados

En el corto plazo esta tendencia no tiene mayor impacto, pero sí en el mediano y largo. Esto ocurre porque en esta materia los movimientos tienen mucha inercia y el fenómeno solo se hará notar de forma lenta y progresiva. “Pero en 20 o 30 años observaremos un envejecimiento de nuestra población, que tendrá una edad media más elevada, y se verá el predominio de las personas mayores sobre el total de argentinos. La actual baja en la tasa de fecundidad posiblemente acelere dicho proceso”, resaltó Rofman. Y advirtió: “Tener en cuenta este cambio en nuestra estructura demográfica se vuelve esencial para analizar y prever algunos de los problemas globales que deberemos enfrentar como sociedad. Por ejemplo, una reforma en el sistema jubilatorio”.

El envejecimiento poblacional no es necesariamente algo negativo a nivel social, sino que más bien implica nuevos desafíos. “Como civilización, siempre quisimos vivir más y elegir cuántos hijos tener. Son dos elementos positivos –destacó Peláez–, pero también tenemos que comenzar a discutir cómo resolveremos los futuros problemas: desde un sistema de pensiones sostenible hasta cómo organizar la atención a la salud, debido a que una población envejecida nos generará una mayor demanda de cuidados. Esto se combina con menos hijos que ayuden y también se suma la actual migración de muchos jóvenes. De alguna manera, los cuidados que necesitará este grupo etario tendrán que ser atendidos por alguna política pública”.

Este tipo de problemáticas requiere que la sociedad reflexione sobre temas que deberán resolverse dentro de 10 o 15 años y exige políticas de Estado acordadas por mayorías, que vayan más allá de la coyuntura. Algo especialmente dificultoso, ya que en nuestro país la discusión sobre procesos demográficos, tendencia de fecundidad o envejecimiento poblacional tienen enormes consecuencias en el mediano plazo, pero hoy no parecen ser parte de un debate relevante.

Cambios culturales y sociales, las causas 

¿Qué causa esta actual caída abrupta en el número promedio de hijos por mujer? Hay varias hipótesis, que suman factores sociales y culturales globales con políticas públicas locales que modifican las costumbres. Y también se suman nuevos deseos personales de las mujeres y las familias. “En el último lustro, en Argentina se aceleró el proceso de empoderamiento femenino y su autovaloración, sobre todo entre las más jóvenes, con movimientos como Ni Una Menos y la discusión sobre el aborto –sugirió Rofman–. A esto se le agrega que hubo una continuidad en las políticas de Estado, con programas de educación sexual integral, consejerías sobre reproducción y atención a la maternidad adolescente, y mucho trabajo de comunicación sobre los derechos femeninos en estas temáticas”. Por otra parte, también acentuó esta tendencia la llegada masiva al mercado de nuevos tipos de dispositivos anticonceptivos “prácticos” y seguros, como los implantes subdérmicos y la facilidad de acceso a otras opciones anticonceptivas. “La caída de la tasa global de fecundidad está modulada en simultáneo por todos estos factores y es difícil atribuirle un porcentaje de causalidad a cada uno. Pero todos suman”, concluyó.

Fuente: Perfil.

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