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Mujeres zapateadoras, expresión genuina de la cultura en Concepción

En la reciente Fiesta del Peón Rural, un certamen de danza puso a la luz a mujeres que mantienen esta tradición. Fabiana Landaida y Adam "Ady" Ávalos se consagraron ganadores de esta edición con la particularidad de que la dama zapatea a la par de su compañero.

El fin de semana pasado se llevó a cabo en la localidad de Concepción del Yaguareté Corá la XV Fiesta Provincial del Peón Rural, una celebración tradicional que expresa la cultura más genuina de los chamameceros. El objetivo de esta festividad es poner en valor las diferentes prácticas y destrezas campesinas con las que nuestro pueblo se expresa, como el chamamé. Uno de sus rubros relacionados a esta festividad es el «concurso de zapateo» que tubo lugar el domingo pasado al mediodía.

Para quienes no conocen el predio del «Peón Rural», sepan que existe un lugar exclusivo para cada actividad, en este caso la pista de baile es un espacio muy amplio frente al escenario, en el que por la noche se puede apreciar más de 100 parejas bailando este género. Mientras que en el escenario se presentan decenas de conjuntos chamameceros. En esa misma pista y posterior al almuerzo dominical, se puede observar cómo las familias cercan, este espacio con silletas o simplemente parados dejando en el centro una aureola para el desarrollo del rubro y de la algarabía.

Una de las parejas que se presentaron al concurso fueron Fabiana Landaida y Adam «Ady» Ávalos, ambos nacidos y criados en Concepción, que luego de bailar y zapatear más de diez temas se consagraron ganadores de esta edición. Pero la particularidad de esta destreza dancística que han demostrado los dos tiene que ver con el zapateo que realizaba Fabiana a la par de su compañero, poco habitual en la danza chamamecera, ya que cuando el varón se luce en el zapateo, la dama lo hace a través del escobilleo.

Como algunos ya me conocen y otros me están conociendo, mientras leen este artículo les cuento que hace más de cinco años vengo investigando y estudiando la danza chamamecera, esto me permitió escuchar en varias ocasiones esta particularidad del zapateo en la mujer.

Entre otras cosas, Landaida narró que «son pocas las mujeres en Concepción que zapatean, pero que siempre hubo», ya desde los tiempos en que su abuela de joven iba a los bailes. Inmediatamente pregunté si aún vivía doña Gloria y hacía allá fuimos a hablar con ella.

Nacida en el paraje Rincón del Oratorio a 3 leguas del pueblo en 1936, Gloria López que, si bien tiene ya sus 85 años cumplidos en diciembre del año pasado, recuerda con mucha lucidez y nostalgia su tiempo de muchacha, cuando participaba de los bailes chamameceros en las pistas «dos hermanos y tres hermanos de Lale» o en algunas reuniones familiares en las que también «se bailaba y se tocaba chamamé». Por aquellos años, y nos referimos a la década del 50 en un entorno rural a 200km de la capital de Corrientes y a 900 de Buenos Aires, Gloria vio zapatear a las mujeres mayores de su pueblo, «pero zapateaban algunas nomás, no todas».

Todo comenzó cuando ella iba a las fiestas y bailaba chamamé haciendo solamente el escobilleo cuando su compañero zapateaba, pero le llamaba mucho la atención las mujeres que zapateaban, entonces ella quiso aprender a zapatear para acompañar el zapateo del varón, «me gustó y entonces intentaba también hacer yo el zapateo, hasta que aprendí».

Doña Gloria además me cuenta orgullosa, que a las mujeres de Concepción nomás vio zapatear: «Yo iba a las pistas de Santa Rosa, de San Miguel, pero nunca vi zapatear a las mujeres de esos lugares», de todos modos me confiesa que cada lugar tenía su diferencia al bailar y que ella cree que esta, la de zapatear, es la de Concepción. Pero acá no termina todo, con mucha añoranza, y con silencios de por medio, sentenció: «Yo salí zapateadora por mi papá», don Eduardo «Lua» Martínez que «zapateaba muy bien cuando bailaba con mi mamá» Juana López, «ellos bailaban muy bien el chamamé» -recordó- ambos nacidos también en Oratorio. Luego de un silencio prolongado, Fabiana me cuenta que «hace dos fines de semana más o menos estuvo bailando la abuela en la capilla del Gauchito Gil». Es cierto que ya no zapatea como en aquellos tiempos que ve reflejada ahora en su nieta, pero sigue asistiendo a haya chamamé y si hay «damo» con gusto se pone a bailar.

Luego de esta conversación con esta bailarina Ymaguare («de antes» en idioma guaraní), pero también de ahora, pudimos notar, tanto Fabiana como yo, que esta práctica no es de ahora, de estos tiempos, si no que ya viene desde quién sabe cuando, si Gloria ya veía a sus mayores hacer lo mismo cuando adolescente, imagínense ustedes cuán antigua podría ser.

Volviendo a Fabiana me cuenta ella que hace poco ingresó a bailar a una academia folclórica y que si bien a los profesores les gusta que zapateen las mujeres y que inclusive han realizado un cuadro donde se podía apreciar esta característica, preferentemente en los ensayos no forma parte de la «coreografía» chamamecera. Ella baila desde que se acuerda, «habré tenido 6 o 7 años» cuando con sus padres asistía a bailes «de la capilla» y mirando e imitando fue aprendiendo, también me cuenta que fue en esos lugares donde vio a las mujeres mayores zapatear, pues no tuvo el honor de ver a su abuela hacerlo, por diferencias generacionales, pero pudo ver a otras mujeres zapatear. Hoy con 15 años, un poco más racional, pero sin dejar de ser emotiva, me expresa que a ella le gusta bailar el chamamé: «Me encanta bailar y zapatear, es lo más lindo que hay» y luego de haber escuchado con tanta profundidad a su abuela y en una suerte de reflexión me dice: «Me llena de orgullo saber que es una herencia de mis abuelos que llevamos todos mis familiares».

Como dije al principio he escuchado hablar de esta destreza femenina por parte de las concepcionistas. Una de esas voces fue la del cantautor Julio Cáceres, que actuando con «Los de Imaguaré» en los salones bailable de Buenos Aires, más precisamente en «El fortín del Litoral», allá en la década del 90 por calle Independencia, en el que pudo presenciar a un grupo de bailarines donde varones y mujeres zapateaban en simultáneo. Me cuenta Julio: «Grande fue mi sorpresa cuando al ritmo del chamamé zapateaban hombres y mujeres» y que cuando fue a preguntar de donde era esa gente, respondieron que eran todos correntinos, «de Concepción del Yaguareté Corá». Inclusive me aporta don Julio que el acordeonista mercedeño Fito «Capo» Ledesma ya les había dedicado un chamame para ellos titulado «A los concepcionistas».

En conclusión ¿Podríamos decir entonces que es una característica típica de las bailarinas chamameceras de Concepción?. Yo aún no estoy preparado para contestar, pero sí me comprometo en seguir investigando, como así también dejo abierto este artículo para que ustedes den sus aportes y juntos podamos seguir escribiendo las paginas de las mujeres zapateadoras del chamamé.EPOCA

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